No se puede proclamar amor por Andalucía mientras se abre la puerta a quienes nunca han creído en su autogobierno, ridiculizan a Blas Infante y reniegan del 4 de diciembre y del 28 de febrero. No se puede defender a nuestra tierra mientras se pacta con quienes contemplan la autonomía andaluza no como una conquista del pueblo, sino como una concesión incómoda.
Quien quiera invocar hoy el legado de Blas Infante debe asumirlo en toda su dimensión. No puede quedarse con la bandera y renunciar a la memoria y a la justicia social que le dan contenido.
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