El respeto no se impone. Se gana.
Muchos rivales hacen todo para frenarlo. Lo marcan, lo golpean, dejan el alma para sacarle la pelota. Pero cuando el partido termina, el rival desaparece y aparece el admirador.
Eso fue lo que pasó con los jugadores de Cabo Verde: dejaron todo para competir, pero al final se acercaron con una sonrisa para llevarse una foto y un recuerdo con su ídolo. Y Messi, con la humildad que lo caracteriza, se detuvo con cada uno, agradeció el cariño y les regaló un momento que jamás olvidarán.